Plataforma analizada: Xbox One
Saṃsara es una palabra del sánscrito que significa vagar, en el sentido de crear un ciclo. Se refiere también a la teoría del renacimiento y la ciclicidad de toda la vida, materia y existencia. Afirmación fundamental de la religión hindú. Sabiendo eso, empiezas a entender un poco la larga caminata del protagonista Zee para volver a casa.
Como buena parte de los juegos indie, Samsara hace uso de elementos bastante subjetivos y simbolismos para contar su historia. Los gráficos remiten a otros juegos del estilo como Limbo o Braid e incluso a clásicos como Majora’s Mask.
Pero la historia aquí es algo bastante superficial, por no decir prácticamente inexistente. El foco es su mecánica, y es de hecho el mayor atractivo del juego.
Samsara usa elementos simples para resolver puzles fastuosos e intrincados y muchas veces te sorprendes pensando cómo los chicos lograron crear algo tan complejo usando elementos y mecánicas extremadamente simples.
Zee camina solo en una única dirección, solo vuelve por su camino si encuentra un obstáculo y no consigue superar ningún tipo de hueco en su recorrido. Debes montar el trayecto utilizando bloques que rellenan agujeros y crean escaleras para que el protagonista pueda alcanzar portales que lo llevarán a la siguiente zona, avanzando así en el juego.
Parece simple, y lo es, pero como dije: es en la mecánica donde el juego se revela extremadamente ingenioso y sus puzles bastante absorbentes. A medida que se avanza, van apareciendo bloques de distintos materiales. Los iniciales, de madera, sufren toda la acción de la física; los de hormigón se mantienen fijos en la posición de su contraparte real y los de oro se comportan de manera inversa en el reflejo. El mundo del juego tiene un reflejo que también debes tener en cuenta al distribuir los bloques, sobre todo cuando avanzas más en el juego y debes conducir también la “sombra” de Zee hasta sus portales específicos.
No se puede explicar tan bien con palabras; solo jugando se entiende y se percibe la genialidad detrás de una jugabilidad extremadamente simple y a la vez muy refinada. Serán muchas las veces en que el jugador quedará atascado durante horas en una pantalla y de repente se dará cuenta de lo simple que era su resolución y de que la respuesta estaba delante de él todo el tiempo. Hasta yo, que no disfruto mucho de los puzles, me divertí bastante con esto.
Pero no todo es de color de rosa: si su jugabilidad y sus gráficos están bien trabajados, no se puede decir lo mismo de la trama y la historia, casi inexistentes. No es que importe mucho: es un juego relativamente corto, pero la falta de una sensación de plenitud, de ir avanzando y obtener algo a cambio, puede frustrar a algunos jugadores.
Te pasas todo el juego resolviendo puzle tras puzle, sin la noción de estar yendo realmente a algún lugar. Las pocas cinemáticas del juego solo muestran a Zee o a su sombra encontrando nuevos materiales u obstáculos y no explican nada de la trama ni de su razón de ser. Quizá si el personaje ganara algunas habilidades a lo largo del juego podría incentivar un poco más a los jugadores, principalmente a los que no son tan entusiastas de los puzles, a continuar su viaje.
Aun así, se trata de un juego que definitivamente merece cierta atención. No creo que estemos ante un nuevo clásico que marcará generaciones, pero su jugabilidad y sus mecánicas seguramente intrigarán a muchos jugadores, y principalmente a quienes disfrutan del estilo. Para ellos Samsara es obligatorio.
- Mecánica – 10
- Audiovisual – 9
- Narrativa – 3
Nota final – 7,5
Versión de Xbox One





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