Plataforma analizada: PS4
Excentricidad siempre ha sido un término que ha definido bien el trabajo del director Goichi Suda (o Suda 51) y de la desarrolladora Grasshopper Manufacture; quien haya jugado a Killer 7 o No More Heroes lo sabe bien. The 25th Ward: The Silver Case no solo lo comprueba, sino que muestra que esa excentricidad viene de lejos. Lanzado originalmente para teléfonos móviles en 2005, el juego es una secuela de The Silver Case, una novela visual/aventura lanzada en 1999 para PS1 que fue el título de debut de Grasshopper.
The 25th Ward transcurre en una versión alternativa de Tokio, que al principio parece bastante confusa para quien no entiende mucho de la división política de Japón, que es prácticamente todo el público occidental. Explicándolo brevemente, la ciudad en la vida real tiene 23 “distritos especiales”, que serían una especie de minicidades desde el punto de vista administrativo. En el universo del juego, el gobierno ordena la construcción de los distritos 24 (donde transcurre The Silver Case) y 25, que es donde se desarrolla la mayor parte del juego. Estas nuevas áreas son autónomas y tienen su propia división social y administrativa. Parece un poco raro entrar en estos detalles, pero créeme, influye en la comprensión de la trama del juego.
Hablando de la trama, la historia de The 25th Ward transcurre 5 años después de los acontecimientos del juego anterior y se divide en 3 partes que suceden en paralelo. La primera parte de la historia, “Correctness”, muestra a los detectives de la 25th Ward Heinous Crimes Unit, Mokutaro “Jabroni” Shiroyabu y Shinko Kuroyanagi, investigando un asesinato misterioso que pronto evoluciona hacia un caso mucho más complejo. La segunda historia, “Matchmaker”, se centra en los investigadores Shinkai Tsuki y Yotaro Osato de la Regional Adjustment Bureau, una agencia secreta del gobierno que tiene que lidiar con asuntos serios relacionados con el submundo del 25th Ward. Y por último, “Placebo” sigue las investigaciones de Tokio Morishima, un personaje recurrente del primer juego, que despierta en un barco sin parte de sus recuerdos e intenta descubrir qué ocurrió con la ayuda de un misterioso compañero por internet.
Temas como el control social, la corrupción, el crimen e incluso el existencialismo son recurrentes en los diálogos, aunque muchas veces están escondidos entre conversaciones triviales, situaciones extrañas y una buena dosis de humor negro. Como en las películas de Tarantino, una simple charla sobre la vida entre dos personajes puede revelar más cosas que un momento clave de la trama. Además, espera muchos giros y acontecimientos realmente inesperados, pues el juego no escatima esfuerzos para sorprender al jugador y mantener la trama interesante, aunque las cosas se vuelvan algo confusas al final. Esto se nota bien en el capítulo final, que se añadió junto con otros dos capítulos extra exclusivamente para el remake y es una experiencia muy distinta, que puede tanto agradar como frustrar a los jugadores (a mí personalmente me encantó).
En cuanto a la jugabilidad, The 25th Ward sigue el estándar de las novelas visuales: el jugador sigue el diálogo de los personajes sobre imágenes estáticas y de vez en cuando se le da la opción de elegir una acción o una línea de diálogo. Hay puzles y acertijos que requieren una buena dosis de atención del jugador a los diálogos y secciones en las que hay que navegar por el entorno al estilo “dungeon crawler“. Aunque esos momentos ayudan a romper la monotonía de ser solo un espectador pasivo en medio de los acontecimientos, la interfaz es bastante problemática y complica tareas muy simples como introducir un código o incluso navegar por el menú.
Los gráficos y la interfaz del juego se rehicieron por completo para esta versión, ya que el The 25th Ward original era un juego para móviles de 2005 y se vería muy extraño en resolución HD sin ningún ajuste. El apartado visual es a la vez impresionante y estéril. Los pocos entornos mostrados en 3D son bastante básicos y sosos, en contraste con el aspecto estilizado de las ilustraciones monocromáticas que se usan para mostrar personajes y acontecimientos y que logran transmitir todo el clima bello, sombrío y extraño de la trama. Y existe un tercer componente, el HUD, que sigue un estilo de 8 bits muy parecido al usado en No More Heroes.
El audio hace un trabajo excelente al complementar la historia, creando el tono adecuado para las escenas y marcando también los momentos de impacto mediante los efectos de sonido. Muchas veces un simple cambio en la banda sonora basta para crear tensión y anticipar que algo importante estaba a punto de suceder.
Acabó gustándome mucho más The 25th Ward de lo que habría imaginado. Los diálogos extraños, pero muy bien escritos y absorbentes, y el mundo bizarro y encantador creado por Suda 51 son los grandes triunfos del juego. La historia, a falta de una definición mejor, es algo increíblemente “japonés” con unas dosis extra de excentricidad, lo que definitivamente no es para todos. Es como recomendar una película de culto de un festival de cine independiente: a la gente le puede gustar, pero es algo muy distinto de a lo que está acostumbrada.
Historia: 9,0
Mecánicas: 5,0
Audiovisual: 7,5
¿Vale el precio? En Steam sí, en PSN solo con una oferta. Aunque sea un lanzamiento y tenga más contenido que las antiguas versiones para móvil, el precio sigue siendo algo elevado. Pero si encajas en el nicho del juego (weeaboos, fans de Suda 51 y gente rara en general) y te sobra el dinero, ¡bienvenido al club!
(Versión de PlayStation 4 analizada)




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