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NOTA7,5

Análisis de Rad Rodgers

Análisis de Rad Rodgers, plataformas de acción con el aire de los juegos de PC de los 90, hecho para quien fue niño en aquella época dorada. Nota: 7,5.

Rad Rodgers – imagem oficial
Imagen: Steam / divulgação

Plataforma analizada: Xbox One

¡Eh, tú! Sí, tú, que fuiste niño en los años 90. ¡Aaaah, los maravillosos años 90! ¿Recuerdas cuando nos quedábamos hasta tarde jugando a videojuegos y nuestra madre venía a regañarnos para que nos fuéramos a dormir por la escuela del día siguiente? Rad Rodgers es un juego de plataformas 2D que intenta rescatar esa nostalgia en los jugadores más veteranos, incluso mostrando esa pequeña situación que mencioné arriba.

No sé si alguien más ha tenido una sensación parecida, pero muchas veces siento que, debido al gran número de juegos del estilo, acabo perdiéndome muchos buenos juegos sin siquiera saber que existen. Era así en los años 90 y es así hoy en día con la gran cantidad de indies lanzados cada mes.

En los años 90 muchas empresas intentaban colocar a sus mascotas en animados y coloridos mundos 2D y muchas veces no lograban un gran éxito. No faltan motivos: era un género muy popular con grandes nombres ya consolidados como Mario, Sonic, Mega Man, Donkey Kong y varios más, y la gran cantidad de títulos hacía que muchos juegos pasaran desapercibidos para la gran masa de jugadores; los ejemplos abundan: Aero the Acrobat, Rolo to the Rescue, Zool, Dynamite Headdy, Bubsy, Prehistorik Man, ¡uf! ¡La lista es inmensa!

Lo mismo ocurre hoy en día. Al tratarse de un tipo de juego relativamente más sencillo y de menor coste de producción que los títulos 3D más complejos, y con un atractivo mucho mayor entre los retrogamers por la nostalgia, tanto en quien juega como en quien produce, los plataformas 2D son hoy la gran mayoría de los juegos indie que encontramos disponibles en los sistemas actuales.

Se puede decir que Rad Rodgers forma parte de ese grupo de juegos que por una razón u otra no ha conseguido atraer muchos focos; no sin motivo, el juego tiene sus defectos, que pueden hacer que algunos arruguen un poco la nariz. Aun así puede resultar una buena partida de fin de semana y reservar algunos buenos momentos para los de la vieja guardia que disfrutan de referencias y homenajes a la cultura pop que siguen y consumen desde hace tantos años. Aunque he citado algunos juegos lanzados para consolas más arriba, no te engañes, la inspiración aquí viene de los juegos de PC de aquella época, más específicamente Commander Keen, Jazz Jackrabbit y, sobre todo, Ruff’n’Tumble.

¡Pero basta de historia, vamos al juego! Eres Roberto Rodriguez y, como tantos otros chicos de tu edad, te estás matando delante de la tele con tu videojuego favorito a altas horas de la noche hasta que aparece tu madre, furiosa, mandándote apagar “el juguete” e irte a dormir de una vez. Es entonces cuando nuestro joven héroe es absorbido por la tele y transportado a un mundo de fantasía que sufre un terrible mal, ¡y solo tú puedes salvar el mundo!

¡Para ello cuentas con la ayuda de Dusty, tu videoconsola! ¡Una NES antropomorfizada con Power Gloves y haciendo cosplay de Kratos! ¿Te parece una pasada? Pues sepas que lo dobla nada menos que Jon St. John, ¡el tío que pone la voz a Duke Nukem! (admítelo, has leído su nombre con la voz en tu cabeza).

Te encontrarás con un mundo fantástico, tanto en el mapa inicial que muestra las fases como en las fases en sí; el arte de este juego es muy bonito y está muy bien hecho. Visualmente es uno de los plataformas 2D más bonitos que he jugado en los últimos tiempos. Pero atención, aquí no hay pixel art, todas las fases son tridimensionales y están construidas con polígonos. La jugabilidad, sin embargo, es exclusivamente 2D; no hay ese llamado 2,5D, con variaciones de cámara o con el personaje avanzando en planos diferentes. A mí personalmente me gusta mucho eso, muchas veces estas implementaciones 2,5D solo están ahí para hacer bulto y aportan poco a la jugabilidad.

Hay, sin embargo, una forma de observar con mayor detalle cada escenario: el modo foto del juego, al que se accede desde el menú de pausa, te permite girar la cámara en varios ángulos, acercando o alejando la vista de la escena; es realmente muy chulo y permite ver el cuidado y el cariño que el equipo puso al construir las fases del juego.

El sonido es otro punto fuerte de Rad Rodgers; las composiciones están muy bien hechas, encajan con cada entorno y transmiten esa sensación agradable de los juegos de acción de los años 90. Ayudan a entrar en el ambiente y mejoran aún más la jugabilidad, que todavía reserva algunas sorpresas. En determinados puntos el escenario parece tener algún defecto, que puede deberse al mal que asola el mundo del juego o a algún “programador perezoso que olvidó añadir una plataforma”. Entonces le toca a Dusty tomar el control y entrar en el Pixelverse para reorganizar el código del juego y arreglar las zonas defectuosas. Muy chulo, por cierto, y ayuda a variar la jugabilidad y hacer la aventura aún más interesante. Además, el juego cuenta con varios objetos y coleccionables por descubrir, lo que sostiene bien el conjunto y te hará pasar algo más de tiempo en cada fase.

Pero el juego tiene sus problemas y, por mucho que haya disfrutado embarcándome en la aventura de Rad y Dusty, no puedo dejar de reconocer que algunos de sus defectos acaban perjudicando la experiencia en conjunto. Como dije, el juego es bonito, lleno de detalles y colores, en algunos casos incluso demasiado. Algunos escenarios tienen demasiadas cosas en pantalla, construcciones o caminos que llegan al plano donde se mueve el personaje pueden confundir un poco y restar atención; creo que unos visuales algo más simplificados en los fondos podrían ayudar a que el aspecto estuviera un poco menos recargado.

Otro defecto grave del juego son sus enemigos, poco inspirados, sin ningún carisma, con movimientos repetitivos y extremadamente tontos, que acaban dejando el desafío soso y poco estimulante. Suma a eso algunos problemillas de jugabilidad, como poca precisión en algunos saltos, bordes y plataformas con una delimitación extraña: a algunas puedes subirte saltando desde abajo, a otras no, y no hay ninguna indicación visual o intuitiva para determinar cuál es cuál. Esto le quita algunos puntos a Rad Rodgers, sobre todo si tenemos en cuenta que en un plataformas 2D la precisión lo es todo.

Otro gran problema es que el juego intenta ser gracioso a cualquier precio y con ello acaba forzando demasiado la máquina. “Toma este corazón, pero ten en cuenta que en realidad es un plug anal y más te vale usar algún producto de limpieza muy fuerte porque está bien apestoso”. O sea, ¿WTF? Y sí, este diálogo está en el juego. No deja de ser también nostálgico, pues parece uno de esos juegos que intentaban desesperadamente parecer guays, radicales y mucho más adultos que Mario y compañía en la década de los 90. Pero ya entonces eso no era guay, aquí lo es aún menos.

En conclusión, tiene sus defectos, pero puede ser un buen desafío y una gran partida para todo tipo de jugador; aunque esté bastante centrado en complacer a los jugadores más de antaño, los más jóvenes pueden encontrar mucha diversión en sus fases y personajes. Los mayores que crecieron entre los juegos de los maravillosos años 90 no pueden perdérselo; las referencias sin duda traerán muchas sonrisas a los viejos chochos, como hicieron con quien os habla.

  • Mecánicas – 7
  • Audiovisual – 9
  • Narrativa – 7

Nota final – 7,5

Jugado y analizado en Xbox One

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